La imagen masculina en las pantallas del cine nacional

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El macho, dominante y agresivo, fue sin duda una figura dominante en el cine clásico de nuestro país, pero sería una subestimación pensar que el hombre en las películas mexicanas siempre fue representado de la misma manera.

En este sentido, el investigador Daniel González planteó una visión más amplia al analizar la imagen masculina desde la cinematografía a través de su plática titulada Masculinidades del cine mexicano, la cual tuvo lugar este 22 de julio en la Sala 4, Arcady Boytler de la Cineteca Nacional.

La ponencia forma parte del Ciclo de conferencias Miradas al cine mexicano, organizado por el Departamento de Extensión Académica en colaboración con la Academia Mexicana de la Historia. La charla se basó en una investigación de Daniel González en torno a las diversas formas como se concibió la masculinidad en los filmes de la Época de oro y que delimitó la influencia ejercida por los actores y por el star system.

De acuerdo con el investigador, “al hablar de masculinidad no hablamos de una cosa en sí misma independiente de los sujetos. Es decir, en la masculinidad representada en nuestro cine influían desde el cuerpo hasta la voz de los actores, el contexto de la producción de los filmes y, claro, la visión y el estilo de cada director”.

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Así, el especialista compartió con el público su análisis de la masculinidad proyectada por cinco actores emblemáticos del periodo dorado de nuestro cine: Pedro Infante, Jorge Negrete, Pedro Armendáriz, Arturo de Córdova y Ernesto Alonso.

Señaló que los tres primeros actores “son elecciones obvias dada su importancia y presencia en la cultura popular, pero los otros dos permitieron pensar las masculinidades desde otro punto de vista”.

De esta manera hizo especial énfasis en dos películas de cada uno y se apoyó en algunas citas a investigaciones de otros autores, como Sergio de la Mora, Enrique Serna y Carlos Monsiváis.

Según el ponente, el tipo de hombre que Pedro Infante representaba en la pantalla no estaba libre de la propia personalidad del actor. Ésta era quizá la cualidad que lo convirtió en el actor más querido por el público mexicano, el que aún tiene el mayor arraigo en la cultura popular.

De este icónico actor, González analizó con profundidad los filmes El inocente (Rogelio A. González, 1955) y Pepe El Toro (Ismael Rodríguez, 1952) y “gracias en buena parte a su propia personalidad, Infante inmortalizó a un macho mexicano de contrastes: era seductor pero no promiscuo, bebedor pero sólo cuando la ocasión lo ameritaba, parrandero pero responsable”, dijo.

En el caso de Jorge Negrete, a partir de El peñón de las ánimas (Miguel Zacarías, 1943) y El ahijado de la muerte (Norman Foster, 1943), el especialista subrayó que “representa la quintaescencia del charro mexicano. Era el gran cantante cuya masculinidad estaba ligada al tipo de películas que protagonizó: comedias rancheras y películas de época. Interpretó, tanto fuera como dentro de la pantalla, al hombre guapo, arrogante, enamorado y valentón”.

Por su parte, Pedro Armendáriz representó una gama más amplia de masculinidades. Enamorada (Emilio Fernández, 1946) y La noche avanza (Roberto Gavaldón, 1951), son muestra que el caso de Armendáriz es “más complejo y notable, por la gran diversidad de tipos de hombres que interpretó en filmes que fueron desde el melodrama campirano, cine policíaco y cintas sobre la Revolución”.

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Finalmente, sobre Arturo de Córdova y Ernesto Alonso, González comentó que bien podrían ser el némesis uno del otro, pues representaban masculinidades opuestas. “Ambos representaron a burgueses cosmopolitas ligados con una cierta nostalgia a un mundo anterior a la Revolución, pero con actitudes y prácticas modernas de los cincuenta. Sin embargo la masculinidad de Ernesto Alonso era muy particular, con una voz más suave y delicada, lo que le ha ganado el título de actor queer.

 

Para complementar la ponencia se proyectó la cinta Él (México, 1952), del director Luis Buñuel y protagonizada por Arturo de Córdova, una historia que presenta, con grandes dosis de humor negro, el retrato de la descomposición emocional de un hombre paranoico y los desastrosos efectos que sus celos provocan en las personas que lo rodean.

Con este ciclo de conferencias sobre cine mexicano, que continúa durante el segundo semestre de 2015, se invita al público a reflexionar sobre una variedad de tópicos relacionados con el cine de nuestro país. Incluye tanto temas históricos como de género y cada conferencia estará acompañada de la proyección de una película mexicana.

La siguiente charla, El cine fantástico mexicano, a cargo de Carmen Elisa Gómez, tendrá lugar el 29 de julio. Se complementa con la proyección de El vampiro (1957), de Fernando Méndez.

 

 

 

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